Al igual que muchos de mis compañeros, yo también siento ansiedad, inquietud y incertidumbre en cuanto pienso en el futuro. Entre los deberes que me quedan para terminar el programa académico y el tema de encontrar trabajo, tengo mis propios asuntos preocupantes. Además, tengo e intento reconocer mis límites respecto a la cantidad de trabajo académico que puedo aguantar en un momento dado. Cuando las lecturas o las exigencias de la escritura se convierten en molestias, tiendo a buscar refugio en la música; a veces escucho y a veces toco.

Últimamente, he estado practicando y refinando el trémulo en la guitarra española. En esta técnica, los primeros tres dedos de la mano derecha, el índice, el mediano y el meñique, golpean la misma cuerda de la guitarra de manera continua y repetitiva. Los dedos mantienen una línea musical de sonido bajo, aunque tocan las cuerdas de tiple, mientras el pulgar toca la melodía de la canción en las cuerdas bajas.

La técnica del trémulo, cuando se emplea correctamente, produce un sonido monótono, hipnótico y sumamente agradable. La famosa composición por Francisco Tarrega, llamado el padre de la guitarra española, Recuerdos de la Alhambra, se realiza utilizando el trémulo y con mucha práctica. Al vivir este año en España y al haber visto la Alhambra en persona, pensé que era la hora de aprender su música en la guitarra y en particular desarrollar un buen trémulo.

A no correr el riesgo de perder el enfoque en la escritura y hablar detenidamente de los detalles de la música de la guitarra que me interesan mucho, basta con decir que practicar la guitarra es, para mí, un buen pasatiempo y terapia. Valoro los momentos en los que estoy solo y toco una música que me apetece. Me he dado cuenta que el tiempo que paso tocando la guitarra me ayuda a pensar con más claridad y estoy más contento que si no hubiera buscado ese refugio.