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La Coctelera

Experiencia de mis hijos

Ahora que está terminando mi año en España, me he puesto a reflexionar sobre la experiencia que han pasado mis dos hijos. Cuando llegamos a España en agosto del año pasado, ellos apenas hablaban el español, aunque comprendían bastante. En septiembre los matriculamos en el colegio público de Tres Cantos y allí comenzó su inmersión total al idioma. Durante los últimos diez meses ellos han vivido inmersos en la lengua española. Las primeras semanas fueron difíciles y sufrieron un poco. Sin embargo a medida que pasaban los días, iban mejorando y se sentían mejor. Ya para fines de diciembre se sentían más cómodos comprendiendo y hablando con facilidad. Ahora los oigo jugando, discutiendo y peleando completamente en español. Ven programas en la televisión, responden al teléfono libremente y hasta he escuchado a mi hijo hablando en voz alta en sus sueños en español. Sé que han adquirido en diez meses más español de lo que hubieran aprendido en años de aprendizaje en Estados Unidos. Me alegro de que son completamente bilingües.
Esta experiencia indudablemente demuestra que la inmersión total es la manera más eficaz de aprender una segunda lengua. Hasta me atrevería a decir que mis hijos saben más español que yo, por lo menos más jerga. Con todo esto espero que en el futuro no tenga que gastar dinero enviándolos a estudiar español a Middlebury.

!Levántense temprano!

España tiene muchos sitios lindos que merecen la pena ver. Hay una multitud de lugares preciosos que recomendaría que visitaran. Algunos ejemplos son La Alhambra de Granada, el alcázar de Segovia, la antigua universidad de Salamanca y la ciudad de Córdoba. Durante este año mi familia y yo hemos viajado en tren a éstas y muchas otras ciudades en España y hemos visto que los españoles viajan mucho. Por lo tanto, se suele tener dificultades consiguiendo billetes, entradas y plazas en hoteles, especialmente durante los famosos “puentes”. Algo que hemos notado es que a los españoles no les gusta madrugar. Por eso hemos tenido más suerte viajando por la mañana mientras la mayoría de la población nativa duerme. Es buena hora para viajar y no hay problemas consiguiendo billetes. Así que recomiendo que se levanten temprano y disfruten del viaje.

El refugio de la música

Al igual que muchos de mis compañeros, yo también siento ansiedad, inquietud y incertidumbre en cuanto pienso en el futuro. Entre los deberes que me quedan para terminar el programa académico y el tema de encontrar trabajo, tengo mis propios asuntos preocupantes. Además, tengo e intento reconocer mis límites respecto a la cantidad de trabajo académico que puedo aguantar en un momento dado. Cuando las lecturas o las exigencias de la escritura se convierten en molestias, tiendo a buscar refugio en la música; a veces escucho y a veces toco.

Últimamente, he estado practicando y refinando el trémulo en la guitarra española. En esta técnica, los primeros tres dedos de la mano derecha, el índice, el mediano y el meñique, golpean la misma cuerda de la guitarra de manera continua y repetitiva. Los dedos mantienen una línea musical de sonido bajo, aunque tocan las cuerdas de tiple, mientras el pulgar toca la melodía de la canción en las cuerdas bajas.

La técnica del trémulo, cuando se emplea correctamente, produce un sonido monótono, hipnótico y sumamente agradable. La famosa composición por Francisco Tarrega, llamado el padre de la guitarra española, Recuerdos de la Alhambra, se realiza utilizando el trémulo y con mucha práctica. Al vivir este año en España y al haber visto la Alhambra en persona, pensé que era la hora de aprender su música en la guitarra y en particular desarrollar un buen trémulo.

A no correr el riesgo de perder el enfoque en la escritura y hablar detenidamente de los detalles de la música de la guitarra que me interesan mucho, basta con decir que practicar la guitarra es, para mí, un buen pasatiempo y terapia. Valoro los momentos en los que estoy solo y toco una música que me apetece. Me he dado cuenta que el tiempo que paso tocando la guitarra me ayuda a pensar con más claridad y estoy más contento que si no hubiera buscado ese refugio.

Un paseo por Lisboa

Mientras caminaba por Lisboa, ví a un hombre mayor sentado encima de una caja de madera. Una tabla con un travesaño anclado colgaba de la parte delantera de la caja para formar una rampa. Alrededor del hombre se acumulaban un montón de trapos de tonalidades oscuras. Cada uno de los paños estaba teñido de diferentes colores de betún. Tenía el rostro arrugado y las manos endurecidas y por eso aparentaba tener sesenta años o más. Sus anteojos llevaban lentes gruesos y monturas viejas. Por lo visto tenía una disposición jovial. Hablaba con hombres mayores en la esquina y saludaba a la gente que pasaba por la plaza.
Más adelante, una señora se asomaba a su ventana en la planta baja de su modesto piso para saludar y charlar con la gente que pasaba por el callejón empinado. Como el limpiabotas en la esquina de abajo, ella también era mayor, con cabello corto y encanecido. Vestía de negro y tenía un tubo de oxígeno colgando de su nariz. Lucía una sonrisa amable cuando se dirigía a la gente y tiraba besitos a los niños que subían por la calle. Me indicó como llegar al castillo que está en la colina.
La calle era cada vez más empinada y con cada paso se hacía más estrecha. La acera disminuía hasta desvanecer completamente al llegar a la cumbre. Fue una subida fatigosa pero gratificante que, sin duda, mereció la pena. La plaza principal del castillo tenía una vista impresionante. Se veía toda la vieja ciudad, casas y edificios con tejados de barro y el río Tajo en la distancia. Estos fueron mis primeros recuerdos de Lisboa.

¡Escribir es difícil!

Escribir es difícil. He pasado los últimos tres días trabajando en un ensayo. Aunque no estaba escribiendo continuamente, mi seso estuvo ocupado con detalles de trama, organización analítica y léxico para expresar mis ideas con claridad y coherencia. La instrucción, los ejercicios de práctica que hemos hecho en clase han sido, sin duda, útiles y valiosos. No obstante, el proceso de pensar, organizar y producir un ensayo coherente y presentable sigue siendo difícil. Cada vez que termino con un trabajo escrito lamento no haber dedicado más tiempo y esfuerzo a la fase que los maestros de la escritura llaman “planificación”. Con todas mis buenas intenciones aún no he logrado hacerlo. Recuerdo las palabras de un profesor de la escuela secundaria: “la escritura es un ejercicio en el que organizas tus pensamientos”. Este consejo es muy apropiado pero hay veces que esto es más fácil decir que hacer. En este ensayo que he estado preparando, había mucha información y la historia era muy complicada, con muchos detalles importantes. Por lo tanto, se me hizo aún más difícil expresar y organizar mis ideas. Al menos ya lo he terminado.

¡Escribir es difícil!

Escribir es difícil. He pasado los últimos tres días trabajando en un ensayo. Aunque no estaba escribiendo continuamente, mi seso estuvo ocupado con detalles de trama, organización analítica y léxico para expresar mis ideas con claridad y coherencia. La instrucción, los ejercicios de práctica que hemos hecho en clase han sido, sin duda, útiles y valiosos. No obstante, el proceso de pensar, organizar y producir un ensayo coherente y presentable sigue siendo difícil. Cada vez que termino con un trabajo escrito lamento no haber dedicado más tiempo y esfuerzo a la fase que los maestros de la escritura llaman “planificación”. Con todas mis buenas intenciones aún no he logrado hacerlo. Recuerdo las palabras de un profesor de la escuela secundaria: “la escritura es un ejercicio en el que organizas tus pensamientos”. Este consejo es muy apropiado pero hay veces que esto es más fácil decir que hacer. En este ensayo que he estado preparando, había mucha información y la historia era muy complicada, con muchos detalles importantes. Por lo tanto, se me hizo aún más difícil expresar y organizar mis ideas. Al menos ya lo he terminado.

Un viaje

-no no este no va, el próximo es suyo espere- cuidado hay plazas extiendo la pierna izquierda cuántas cosas que hacer leer y escribir quizás si lo hago en trocitos cortitos será mejor frunzo el ceño ¡Ayy! me duelen me queman es como si alguien me echara vinagre en la cara -jaqueca- bueno cierro una parada a ver si pasa “a ver si se puede querer que se pueda quitarte los miedos sacarlos afuera”, intento leer sí, tengo mi lupa aún es difícil tal vez está débil necesito una más fuerte ¡Ayy! Sólo cuatro líneas voy a descansar hasta llegar menos mal han puesto la música me ayuda a relajar todavía queda mucho que leer no sé cómo o cuándo si me siento mejor más tarde, posiblemente, tengo ella que me lea en el caso de que…jaqueca Gracias a… una más esta es la mía se para salgo voy andando…

Un niño en la guerra

El suplemento de “El País” del domingo 4 de marzo 2007, contiene una foto de una fotógrafa, vestida en camuflaje militar, dirigiendo su cámara hacia un chico de aproximadamente ocho años. A la vez, el niño está apuntando una pistola hacia la fotógrafa. En el fondo de la foto, hay un grupo de militares, supongo norteamericanos ya que la foto se tomó en Irak. La fotógrafa norteamericana está sonriendo, mientras el chico iraquí tiene el ceño fruncido y un aspecto severo; el soldado en el fondo vigila con su fusil automático en mano.
Al oír mi comentario indignado hacia la foto y la situación en Irak en general, mi hijo me preguntó por qué yo consideraba la imagen problemática, si lo mas seguro el chico estaba bromeando y claro que la pistola no estaba cargada.
-¿Cuál es el problema, no hay balas?
-Qué los chicos aprenden que resolver problemas quiere decir aguantar armas y empezar a disparar contra alguien, ya que tal es el ejemplo que ven diariamente.
La guerra contra Irak se ha convertido en una situación tan caótica y tan inhumana que ya no logro verla con claridad y no tengo la capacidad de soportar la lógica que invocan los perpetradores para justificarla. No tengo la capacidad cognitiva de contemplar la existencia de tan inimaginable desprecio respecto a la vida humana y las culturas ajenas. Por estas y muchas otras razones, hace un buen rato que no sigo los acontecimientos de la violencia. No obstante, esta imagen me ha llamado la atención, quizá porque pensaba en el chico en la foto o tal vez porque pensaba en la pregunta de mi propio hijo. Detesto la guerra como instrumento de resolver conflictos, “imponer justicia” o apropiarse de bienes ajenos, y el momento en que niños levantan armas debería marcar un paso prohibido y por tanto debería señalar una situación intolerable para un mundo y una sociedad, supuestamente civilizada.
Debo señalar que el texto debajo de la imagen dice que la fotógrafa norteamericana murió trágicamente una hora después de haber tomado la foto del niño.